El Castigo Público de Carolina en la Gala

La tranquilidad se rompe en susurros de toques prohibidos bajo candelabros de cristal

E

El velo sereno de Carolina se desgarra en hambre voraz

EPISODIO 5

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Estaba de pie al borde del gran salón de baile en la villa restaurada de nuestra familia, los candelabros proyectando un velo dorado sobre el mar de esmóquines y vestidos de noche. La gala de restauración estaba en pleno apogeo, un evento de alta sociedad zumbando con filántropos, coleccionistas de arte y dinero viejo de toda Europa. Copas de cristal tintineaban suavemente, risas ondulaban en el aire, y el aroma de perfumes caros se mezclaba con el leve olor a champán añejo. Pero mis ojos estaban fijos en la entrada, esperándola. Carolina Jiménez, la belleza mexicana de 19 años que me había cautivado desde el momento en que pisó nuestro mundo. Su largo cabello rubio liso caía como una cascada sedosa por su espalda, enmarcando su rostro ovalado con esos ojos marrón oscuro que mantenían una serena tranquilidad incluso en el caos. Con 1,68 m, su cuerpo esbelto se movía con una gracia effortless, su piel morena cálida brillando bajo las luces, tetas medianas sutilmente acentuadas por el elegante vestido verde esmeralda que abrazaba su estrecha cintura. Entró, y la habitación pareció atenuarse a su alrededor. Cabezas se giraron, susurros la siguieron. La presencia de Carolina era magnética, un oasis tranquilo en esta guarida de depredadores. Sentí mi pulso acelerarse, recordando nuestros momentos robados, la forma en que su serenidad se quebraba bajo mi toque, revelando un fuego que ardía más caliente que cualquier foco de la gala. Esta noche, con Elias —mi hermano— y Sophia Reyes circulando como tiburones, el juego había escalado. Bromas públicas, miradas arriesgadas, la emoción de la posible exposición. Su tranquilidad se estaba desgastando, lo veía en la sutil tensión de sus hombros mientras escaneaba la multitud, avistándome. Nuestros ojos se encontraron, y una chispa se encendió. Se deslizó hacia mí, su vestido susurrando contra...

El Castigo Público de Carolina en la Gala
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El velo sereno de Carolina se desgarra en hambre voraz

Carolina Jiménez

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