La Frenesí Trío de Delfina en el Quirófano
Sombras estériles encienden un torbellino de dominación, ternura y control destrozado
Las Venas de Delfina en Llamas de Lujuria Bisturí
EPISODIO 4
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Las luces fluorescentes zumbaban tenuemente en lo alto, proyectando un brillo frío y estéril sobre el quirófano abandonado. Yo, el Dr. Marcus Hale, estaba allí con mi uniforme quirúrgico arrugado, el corazón latiéndome con fuerza por el caos de afuera. El hospital estaba en lockdown total por algún susto viral: puertas selladas, teléfonos muertos, sin salida. Atrapados conmigo estaban Delfina García, la enfermera argentina de 22 años con ondas negras desordenadas cayendo por su delgada figura de 1,68 m, sus ojos marrones chocolate ardientes incluso en esta tensión, y Lila Voss, la interna de rasgos afilados cuyo cuerpo esbelto se movía con gracia depredadora. La piel moca de Delfina brillaba bajo las luces, su rostro ovalado enmarcado por ese cabello salvaje, sus tetas medianas presionando contra su blusa de uniforme ajustada. Habíamos estado preparándonos para una cirugía de emergencia cuando las alarmas sonaron, encerrándonos en esta sala de mesas de acero reluciente, bandejas de bisturíes, monitores pitando suavemente en espera. El aire olía a antiséptico y algo vagamente metálico, agudizando todos los sentidos. Delfina se apoyó contra la mesa de operaciones, su cuerpo delgado tenso, las caderas moviéndose inconscientemente, atrayendo mis ojos a la curva de su cintura. 'Esto es una locura, Marcus', dijo, su voz ronca con ese acento argentino apasionado, ojos intensos clavados en los míos. '¿Horas así? Somos fantasmas aquí'. Lila sonrió con sorna desde la esquina, jugueteando con un estetoscopio, su mirada saltando entre nosotros. Sentí el aire espesarse, el aislamiento engendrando algo primal. La presencia de Delfina siempre exigía atención: intensa, apasionada, como una tormenta apenas contenida. Había estado coqueteando descaradamente durante los turnos, sus toques demorándose, pero ahora, sin escape, ese fuego parecía listo para estallar. Mi pulso se aceleró mientras ella se estiraba, el uniforme tirante sobre su forma atlética delgada, revelando el...


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